GESTIÓN DE LAS POBLACIONES DE GRANDES PREDADORES

by Albert Roura / Miércoles, 10 julio 2013 / Published in WILDLIFE MANAGEMENT

GESTIÓN DE LAS POBLACIONES DE GRANDES PREDADORES

CONTROL POBLACIONAL
DISPARO FRENTE A TRAMPEO

Hoy he elegido un tema que siempre se ha abordado, utilizando un sin fin de eufemismos con el objetivo último de no decir la verdad o decirla de tal manera que se entienda otra cosa, políticamente más correcta, pero lejos en todo caso de la realidad última. NO voy a discutir sobre si el control poblacional de los grandes predadores es o no es necesario, supongo que existen criterios técnicos que asisten a la administración que decide realizarlo. Solamente quiero reflexionar sobre la mejor aplicación de las posibles herramientas de control y los pros y contras de cada una.

Es evidente que la caza, como actividad regulada que aprovecha el recurso sostenible de una especie cuya situación poblacional así lo admite, donde sea posible, es la mejor manera de afrontar el posible control. Esto dicho en términos muy generales sin que busquemos una selección específica de objetivos. Ahora bien, si lo que necesitamos es controlar la población de un gran predador fuera de su área de posible aprovechamiento por caza, nos encontramos con una decisión que hay que meditar. Tendremos que tirar de la vía de excepciones de la legislación vigente, tanto a nivel autonómico como nacional y europea, lo que nos obligará a buscar el sistema más adecuado para conseguir el fin último sin poner en peligro la conservación de la especie.

En España sería claramente el caso del lobo. Las poblaciones al norte del Duero según la legislación nacional y europea pueden ser gestionadas mediante la caza, pero es al sur del Duero donde tendremos que ir al régimen de excepciones para poder ejercer ese control. Es aquí donde se genera el dilema de armas de fuego versus trampeo. Está claro que el empleo de armas de fuego en este caso ha de ser realizada en unas condiciones muy estrictas, que llevarían a que siempre fuera ejercida por personal acreditado por la propia administración competente, y el trampeo habría de ser realizado en los mismos términos.

La pregunta es ¿ Cual de los dos métodos nos ofrece mayores ventajas ?. La caza de lobos en general es una actividad sumamente dificultosa, que implica un esfuerzo muy importante por parte del personal habilitado para ello y ofrece pocos resultados a corto y medio plazo. Además el empleo de armas de fuego raramente ofrece la posibilidad de elegir que ejemplares han de ser  abatidos, disparándose sobre aquellos individuos que se ponen a tiro. Esto en ocasiones puede ser indiferente, pero en general parece poco adecuado si queremos hacer un control con un cierto criterio técnico.

Del otro lado tenemos el trampeo como herramienta de control, en este caso tenemos herramientas que utilizadas por personal especializado pueden desarrollar un trabajo ingente, abarcando grades magnitudes territoriales y sin límites horarios, que redundan en resultados mucho más próximos en el tiempo, lo que siempre deriva en una mejor rentabilidad del esfuerzo realizado, incluso en términos económicos. Pero a mi juicio, mucho más importante, es que nos ofrece la posibilidad de seleccionar que tipo de actuación llevar a cabo sobre el animal concreto que nos encontramos capturado. Pudiendo tomar la decisión de intervención que proceda en función de sus cualidades intrínsecas o su estatus biológico; dándonos la posibilidad de tomar decisiones que pueden ser revisables con el tiempo.

En mi opinión claramente en las circunstancias descritas, el trampeo es la mejor herramienta disponible para el control de las poblaciones de grandes predadores fuera de las zonas en las que la caza abierta es posible. En el marco legal actual sería la mejor solución satisfactoria ante una derogación y por tanto, haría no valida la aplicación del empleo de armas de fuego como medida excepcional de gestión.

Paco Montoto
Eterno aspirante a buen trampero

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